
Que es su desnudez enfilada, a porte descubierto,
el reflejo de nuestro amor deshecho.
Paseo por la alameda del viejo pueblo;
y el canto huérfano de aquel gorrión me estremece,
porque jamás tan sonora
fue la soledad en los meses de invierno.
¡Álamos del arroyo Culebro!:
Lloráis metáforas hoja a hoja en mis inviernos;
lloráis verdes ausencias hasta el arroyo que llega al pueblo:
Si ved que yo también me ausento en el verde te quiero,
sabed que no es porque ya no ame...,
sino porque tengo celos.
© Marga Jaramillo






