
En mis dedos se incrustó
una esquirla de tu ternura.
Se desprendió de ti aquella tarde
cuando entre mis latidos
y tus dulces labios se urdió
nuestra muralla de aventuras.
En mi piel de anhelos
se ha enrumbado esta astilla.
Se ha incrustado en mi alma,
y ha obstruido sutilmente
este apego de utopías,
este delirio por tu piel.
Esta esquirla se alojó
en mi presente,
amenazando finamente
con revolver mi futuro
y descansar en mi destino
pendida de tu sonrisa.
Esta esquirla de ternura
asesina mis tejidos de soledad,
secciona mi avezada nostalgia,
mitiga mi aflicción con su dulzura.
Astilla que reposa en tu música
repasando los acordes de tu piel.
A pesar del dolor que infringe
la cubro con mis ansias,
la oriento por las rúas de mi alma
con dirección al aposento
que en mi sentir se ha formado
sobre las heridas silentes en mi piel.






