Dedicado a las humildes y santas mujeres que vivieron esta labor con extenuante.
Y te veo sobre fatigante lavadero, agachada,
En desorden tus cabellos, acariciando la faz sudorosa,
Presiento la faena dura sobre tus hombros cargada,
Que te me representas, cual cenicienta piadosa.
II
Y al vaivén de tus brazos requemados,
Viertes agua, agua, en la ropa mucha,
¡Ay, mujer!, que trabajo y deber desconsiderados,
Ya te castigan en esta diaria lucha.
III
Y veo con el corazón estrujado,
Que tus manos roídas están, por lavar maldito,
Silenciosa y sin quejarte, con tu espíritu cansado,
Tallas la ropa como algo bendito.
IV
¡Oh mujer! En tu labor ardua, sol y viento,
¡Oh! Compañeros tuyos, te guardan con celo mismo,
¡Ay! Descansas y meditas por un momento,
"Que lavar, es como limpiar, almas para el abismo".









