te ví que me mirabas,
yo sé que todo lo hice ensalada.
Y que quizás no soy una finura
en el arte de la elegancia y etiqueta,
pero tu me mirabas.
Casi me atreví a preguntar
¿Tienes hambre o sed, niña?
pero tuve miedo que dijeras...
-¡dejáme darte una mordida!-.
Ah que cosas de la vida, después de esta escenita dominguera, hasta empiezo a pensar que quizás sea verdad; soy guapo. Jajaja







