
Ayer que mis labios
quedaron silentes
al susurrar tu recuerdo
y el viento de tu piel
cernió en mi alma
la limadura de tu ausencia.
Ayer que la distancia
encendía la tarde
de tanto deambular
en trenes de inquietud,
braseros de melancolías
y calzadas de lejanías.
Ayer que la noche
no llegó a la cita del dominó
por esperar tu presencia
en la estación de las quimeras
y se heló en el desastre
de la penumbra del día.
Ayer que no fue ayer
y el grajo errante
adolecía tu indiferencia,
ayer, fue ayer que la agonía
vino de visita dejándome
el neceser de tus recuerdos.








