El invierno te acerca,
el canto de las nubes
trae tu aroma
envuelta con el papiro
de tu recuerdo.
Mi arrecida herida
sangra tu nombre,
congelando en el verso
la alusión de tu tez
y la convicción del deseo.
Se confunde el pensar
con el sentimiento,
en esta mustia tormenta
en la que memorias desoladas
naufragan en tu encuentro.
En la vorágine del recuerdo
es tu sonrisa, mi aliento,
quien reafirma este sentir.
mientras la pleamar de tus besos
es mi refugio, mi denuedo.
















