
En el horizonte encontré
peldaños enmohecidos,
esperanzas ahumadas
por la indiferencia perezosa
de la mísera sociedad
y su saciedad inherente.
Peldaños putrefactos
por la desilusión del niño
en su cuna de pobreza.
Orfandad de promesas
que fenecen en el olvido
en cada abúlico amanecer.
Intenté elevar sus quimeras
por el barandal del destino,
se desvanecieron en el vacío,
encontré egoísmos insurrectos
de la sociedad y su ajetreo
disfrazado de humanidad.
A través del avezado tiempo
fui descartando la infamia,
soterrando la perfidia del injusto
restaurando esos, mis peldaños,
con pétalos de hermandad,
con velas de esperanza y libertad.














