
Entre crepúsculos y anhelos
mi horizonte encubre
incertidumbres y existencias.
Pero cuando el fantasma
del martirio y el dilema
asoma su cara de opresor,
el aplomo sostiene mi alma
entre sus nubes de algodón.
Al final de ese horizonte,
entre tormentas y granitos,
el ímpetu se va forjando
en hogueras de anhelos,
en las arenas desiertas
de mis sueños dormidos
bajo el desnudo del agua,
junto al letrero de salida.
Empero mis palabras entierran
quimeras adormecidas;
quimeras que encierran
latitudes convexas
en el zumbido de la noche,
cuando el vidrio se condensa
en las cartas ávidas del tiempo
que amenazan sin cesar mi pobre sino.














