
Encontré entre las piedras
del destino, ahí escondidas
tu soledad y la mía,
enemigas mohínas
y amigas en silencio.
Soledades compañeras
de las hojas caídas
por la tempestad del tiempo;
son soledades serenas
que arrullan el alma del misterio.
Se sientan, una junto a la otra,
en la banca del porvenir,
bajo la llovizna del recuerdo
se miran ateridas al atardecer
como esperando en secreto.
Esperando, esperando están,
multitud de soledades.
Soledades diestras
con sus navajas de dolor
rebanan las mariposas del sol.
Anveg
Sept 2013













