
Al son de esa guitarra
Ay, las cuerdas de esa guitarra
desgarran mi alma.
Y eres tú que estás lejos
en la inmensidad
de mis sentimientos.
Allí te escondes
en la ternura de tu distancia,
mi eterno duelo.
Esos rayos de sol
que juegan con mis lágrimas,
y esa guitarra en su lamento
me hablan en esta habitación,
angostas paredes
de amargo silencio;
¡ay tu presencia difuminada
en mi corazón!
¡ay qué soledad
sin las caricias de tu mirar!
Ingrid Zetterberg
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