
Y aquellos meses partieron
entre margaritas de ausencia
se retiraron perennes y absurdos.
Dejaron tu silueta obscura
entre sombras de morriña y llanto
ataviando mi soez melancolía.
La madrugada es rebelde
y es obsesa, insiste y te dibuja
en mi almohada de desamparos.
Y no estás,
anodina verdad del tiempo,
nunca estuviste y nunca estarás.







