tantas veces fui blanco del deseo
como si lo pudieses volver
a encender.
Pero la historia ya no responde
a los gestos, a las lágrimas,
a las exigencias, a los besos y palabras.
Te olvidas de quejarte al intentar
regresarme a este mundo que está al revés.
Soy un llar que no soporta
el fragor de aquellas ilusiones,
que ahora se funden en negros carbones
y que te aferras en abrasar por última vez.












