Dime a quién pertenece ese carmín de tu pañuelo,
y explícame si puedes, donde estuviste anoche:
pues te oí llegar muy tarde, bien entrada la noche
tratando de amortiguar tus pasos sobre el frío suelo,
tal vez para no despertarme, pero estaba despierta,
aunque no llorando, tal y como a tí te gustaría
estaba simplemente esperando la primera luz del día
para salir de tu vida nada más atravesar aquella puerta
que un día recogió en su interior un poquito de amor
tal vez insuficiente como para andar en buena compañía
ése camino errado cuyo destino final nadie conocería
pero que una vez andado, a algunos les produce dolor.
Yo sé que no soy la misma mujer que tu querías
no soy tan bella como en las fotos de la boda
que novia no está guapa en aquel, que es su día
y se podría decir que estoy pasada ya de moda
pero eso no justifica, al menos a mis ojos
el hecho de saber que no me quieres
que en cada pensamiento mi recuerdo te hiere
que no me quedarán de ti ni los despojos
cuando otra mujer sin duda que más bella
aproveche el momento y se quede contigo
te dirá que tan solo desea tener un buen amigo
pero en el fondo te quiere tan sólo para ella.
Yo no entraré en el juego de olvidadas escenas
si ese es tu deseo, vete y no vuelvas más
pero no me hagas prepararte la cena
para luego marcharte para siempre jamás.
Aprovecha tu tiempo pues aun eres bastante joven para amar
no dejes que el momento te supere, vete a por tu destino
y olvida que hace tiempo me ofreciste andar por el camino
que un poco más tarde, del brazo de mi padre, me llevó hasta el altar.
Pero haz de saber que solo hay dos tipos de mujeres
aquellas que te quieren sin medida ni tiento
libélulas de amor, volutas de puro sentimiento
cazadoras de sueños y a veces refugio de placeres
y las otras, que solo te quieren cuando escuchan
dentro de tu bolsillo el dulce tintineo del dinero
espero haber sido una de las del grupo primero
o por lo menos una de las muchas que luchan
por darse a conocer a la persona amada
por algo más que una buena relación matrimonial
por una charla insulsa, de tono coloquial,
o por una relación sin fisuras, muy bien atesorada.
Cada mujer que conozco, desde Eva, ha luchado
por ser la última cita en la vida de un hombre
por colocar en la puerta, junto al suyo, su nombre
intentando evitar ser la primera que estuvo a su lado.
Y sin embargo ayer, me hubiese gustado ser la otra
para no recoger tu ropa oliendo a perfume de otra piel
por la ventana veo a las linda abejas fabricando su miel
pero comprendo que no es para una mujer como nosotras.
Ese carmín de tu pañuelo, dime a quién pertenece,
pero no me digas nunca donde estuviste anoche:
me pareció oírte llegar tarde, bien entrada la noche
pero no lloraré, en parte porque no te lo mereces.-
y luego en la mañana una vez levantado
mientras en tu mirada se refleje el momento vivido
ese pecaminoso placer por otra disfrutado
yo trataré de ocultar, haciéndote el café, lo que he sufrido.
y explícame si puedes, donde estuviste anoche:
pues te oí llegar muy tarde, bien entrada la noche
tratando de amortiguar tus pasos sobre el frío suelo,
tal vez para no despertarme, pero estaba despierta,
aunque no llorando, tal y como a tí te gustaría
estaba simplemente esperando la primera luz del día
para salir de tu vida nada más atravesar aquella puerta
que un día recogió en su interior un poquito de amor
tal vez insuficiente como para andar en buena compañía
ése camino errado cuyo destino final nadie conocería
pero que una vez andado, a algunos les produce dolor.
Yo sé que no soy la misma mujer que tu querías
no soy tan bella como en las fotos de la boda
que novia no está guapa en aquel, que es su día
y se podría decir que estoy pasada ya de moda
pero eso no justifica, al menos a mis ojos
el hecho de saber que no me quieres
que en cada pensamiento mi recuerdo te hiere
que no me quedarán de ti ni los despojos
cuando otra mujer sin duda que más bella
aproveche el momento y se quede contigo
te dirá que tan solo desea tener un buen amigo
pero en el fondo te quiere tan sólo para ella.
Yo no entraré en el juego de olvidadas escenas
si ese es tu deseo, vete y no vuelvas más
pero no me hagas prepararte la cena
para luego marcharte para siempre jamás.
Aprovecha tu tiempo pues aun eres bastante joven para amar
no dejes que el momento te supere, vete a por tu destino
y olvida que hace tiempo me ofreciste andar por el camino
que un poco más tarde, del brazo de mi padre, me llevó hasta el altar.
Pero haz de saber que solo hay dos tipos de mujeres
aquellas que te quieren sin medida ni tiento
libélulas de amor, volutas de puro sentimiento
cazadoras de sueños y a veces refugio de placeres
y las otras, que solo te quieren cuando escuchan
dentro de tu bolsillo el dulce tintineo del dinero
espero haber sido una de las del grupo primero
o por lo menos una de las muchas que luchan
por darse a conocer a la persona amada
por algo más que una buena relación matrimonial
por una charla insulsa, de tono coloquial,
o por una relación sin fisuras, muy bien atesorada.
Cada mujer que conozco, desde Eva, ha luchado
por ser la última cita en la vida de un hombre
por colocar en la puerta, junto al suyo, su nombre
intentando evitar ser la primera que estuvo a su lado.
Y sin embargo ayer, me hubiese gustado ser la otra
para no recoger tu ropa oliendo a perfume de otra piel
por la ventana veo a las linda abejas fabricando su miel
pero comprendo que no es para una mujer como nosotras.
Ese carmín de tu pañuelo, dime a quién pertenece,
pero no me digas nunca donde estuviste anoche:
me pareció oírte llegar tarde, bien entrada la noche
pero no lloraré, en parte porque no te lo mereces.-
y luego en la mañana una vez levantado
mientras en tu mirada se refleje el momento vivido
ese pecaminoso placer por otra disfrutado
yo trataré de ocultar, haciéndote el café, lo que he sufrido.








