
Labro en la poesía racimos frescos
de versos que nacen en el corazón,
no sé si me duele el destino de estos
ya que escrita en sangre hay una oración.
A ellos los guardo en el sentimiento,
la fe impresa en piedra tallada quedó
como un fuego sacro y eterno, yo siento
que el viento en su prisa sin piedad llevó.
Pregono el pensar de versos remotos
a orillas de un tiempo que no conocí,
silencios que oyen lugares ignotos
y brisas de gloria que jamás sentí.
La oración escrita en sangre esculpida
rezaba de amores que antes no leí,
decía a la noche en su voz dormida
que se uniera al día que yo nunca ví...
















