Guitarra
Publicado: Jue Sep 04, 2008 12:02
Como una lágrima envejeciendo al recuerdo
que funde al alma en una ceniza de Amor
la guitarra triste respira como una caracola en la orilla
sin voz sin los buenos días sin su pan bajo el brazo.
Si te adelantas a mis lágrimas amantes,
yo me adelanto a tu voz clavada entre las peñas
-aunque sabes que la he perdido en este
tránsito de laberintos-
Guitarra, hija del árbol y yo del beso en la mejilla.
Nuestros padres fueron viejos navegantes de raíces en la tierra.
Porque un día me tocaste y canté como tú,
y vimos el espejismo de la felicidad, sedientos en las fiebres de la arena.
Guitarra, madera de puerta que se abre al beso,
al silencio conmovedor que corta la aurora en gallo y río,
la infeliz noche recoge sus estrellas,
cortando al aire
lanzando sombreros a la acera del recuerdo,
a la celda roja del vino
a los sueños transgresores del humo.
Nos juntamos como las horas del día que anuncian su fin,
gimiendo, consolándonos, construyendo lágrimas
lejos del grito sensual de los prostíbulos.
Ahora estamos frente a frente y no nos tocan,
somos reo, fusil, soga y cuello.
Nuestra música ha caído gota a gota como dos lágrimas desteñidas,
haciendo boquetes en la luna como una sequedad de adiós.
Cántame al hombro como lo hacia ella,
y conviértete en ella –mintámonos si hace falta-
esperando que nos toquen unas manos…
que funde al alma en una ceniza de Amor
la guitarra triste respira como una caracola en la orilla
sin voz sin los buenos días sin su pan bajo el brazo.
Si te adelantas a mis lágrimas amantes,
yo me adelanto a tu voz clavada entre las peñas
-aunque sabes que la he perdido en este
tránsito de laberintos-
Guitarra, hija del árbol y yo del beso en la mejilla.
Nuestros padres fueron viejos navegantes de raíces en la tierra.
Porque un día me tocaste y canté como tú,
y vimos el espejismo de la felicidad, sedientos en las fiebres de la arena.
Guitarra, madera de puerta que se abre al beso,
al silencio conmovedor que corta la aurora en gallo y río,
la infeliz noche recoge sus estrellas,
cortando al aire
lanzando sombreros a la acera del recuerdo,
a la celda roja del vino
a los sueños transgresores del humo.
Nos juntamos como las horas del día que anuncian su fin,
gimiendo, consolándonos, construyendo lágrimas
lejos del grito sensual de los prostíbulos.
Ahora estamos frente a frente y no nos tocan,
somos reo, fusil, soga y cuello.
Nuestra música ha caído gota a gota como dos lágrimas desteñidas,
haciendo boquetes en la luna como una sequedad de adiós.
Cántame al hombro como lo hacia ella,
y conviértete en ella –mintámonos si hace falta-
esperando que nos toquen unas manos…


