

Irreverentes a la vida
que no escogimos,
eterno luto será
nuestra vestimenta.
Sobre un mundo impuesto,
nuestro labios negros
dejarán besos con rastro
a las cavernas.
Nos inmolamos junto
a nuestros muertos,
con sortilegios ocultos
entre las tinieblas,
donde fuimos arrojados,
privados de ser ángeles.
Humillados a esta humanidad
huérfanos de su amor,
hermanados a la muerte.
Ella, nos protege sí
juramos amarla con ardor.
Ella nos guía,
nos devuelve nuestras alas,
nos libera de ser esclavos
del amor y del odio
de sus malditos dominios.

María de la Cruz Díaz
Lima, 27 de Diciembre 2007
PERU
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