que llegue hasta mi alma como una bendición,
quisiera ser ladrón y que me pongan preso
y que tus labios sean mi divina prisión.
Quisiera que los grillos que pongan a mis manos
sean los besos tuyos para no padecer,
y la sentencia absurda de jueces inhumanos
entiendan que por siempre te lograré querer.
Cuando a mis pies coloquen unas gruesas cadenas,
tratando impunemente que yo me acerque a tí,
olvidaré, amor mío, mis dolores y penas,
me acercaré a tu lado y estarás junto a mí.
Quisiera, amada mía, yo ser tu prisionero
y que mi celda sea tu hermoso corazón,
si es que ese es mi destino quisiera yo primero
besar tus dulces labios y morir en prisión.
También quiero, amor mío, que tus ojitos sean
como dos ventanitas para poder mirar
al mar y a las gaviotas que alegres se recrean
sabiendo que nosotros nos sabemos amar.
- - - - - - - - -
Mariano Bequer.
Maracaibo, 28/02/05
















