
Volví a nuestra habitación
y no te hallé...
Te busqué en el reflejo del espejo,
te busqué en el recuerdo de las sábanas.
Te llamé por la grieta del pasado
y te esperé al borde de tu almohada.
Retorné azorada a tus huellas,
las postergué en la brecha
de tu mónada encubierta.
Con el aroma de tu recuerdo
dibujé sobre mi piel
el puente de tu desnudez.
Me encerré en el silencio
que dejaste en mi alcoba,
te aprisioné en mi vacío
y nos dejé sujetos,
descubiertos de veredas
en este universo de idilios.
Dónde?
No sé dónde..
Dónde te extrañaré?
Si la memoria de tu silueta
está impregnada en cada poro
de la habitación de mi alma.
Por qué?
Por qué persiste tu nombre
por qué ocurre este desatino
por pronunciar tus memorias
entintadas con la alusión
de tu piel en cada madrugada.






