
Quisiera explicarte mi galante palaciego,
porque termino siendo un silencioso fuego,
tímido el lenguaje, entre tonos violeta,
mientras el tiempo aprovecha y me reta.
Quisiera, ser el pulso de la luz en tus pupilas,
la nube blanca que fluye y que tú hilas,
la tarde de lluvia, que humedece tus ropas,
el barro que apresa tus botas…
Quisiera darte, impaciencia en tu respiro,
ser la llama que enciende tu latido.
El bocado constelado,
tu beso enamorado.
María de la Cruz Díaz
23 de Agosto 2008













