Caminaba muy despacio
con la espalda encorvada,
eran ya muchos los años,
con que su vida contaba.
Su vista mira hacía abajo,
casi siempre mira al suelo
y a preguntarme he llegado;
si sabrá lo que es el cielo,
cuando a su lado me paro.
Tiene la cara muy oscura
y señales de una vida dura,
viviendo al pie de la locura,
entre penas y amarguras.
Me extendió su sucia mano
y algo de dinero me pidió,
en ella unas monedas tenía,
y otras mas, que le di yo.
Sola, triste y olvidada
a nadie le importa nada,
hoy es una pobre anciana,
la que antaño enamoraba.
Si quieres verla un día,
ve a la Plaza de España,
un domingo al mercado,
a las diez de la mañana.
Si tienes buen corazón,
unas monedas le darás.
Qué fue lo que le pasó,
quizás te preguntarás.
Por qué está sola en la vida,
por qué ahora no tiene nada,
ella que lo tuvo todo,
ahora de todo le falta.
Solo le quedan años
para poder mal vivir,
ella que lo tuvo todo,
ya solo espera morir
para poder descansar,
pues ya no tiene edad
para poderse patear,
las calles de su ciudad.
Se alejó mirando al suelo
sin volver la vista atrás,
yo elevé la mía al cielo,
pidiendo que no sufra mas.
Qué triste es su existencia,
qué pena te da al pasar,
qué aprisa vivió su vida,
y hoy no puede casi andar.
Siempre hizo lo que quiso,
eso fue lo que ella me dijo,
y así seguirá por siempre,
hasta que la llame Dios.
Sir Lancelot de Camelot.












