
Eternos naufragios...

Yacen tras las sombras,
ecos perdidos de unas
palabras dulces, como
la primavera, y cuales
flores de la pradera se
abrieron dejando escapar
de si el alma.
Aves al viento baten sus
alas, libres han de ir como
peregrinas de un amor
errante, donde se naufrago
entre rayos solares sin dejar
de ser poeta.
Eternos náufragos, atraídos
por el canto melodioso de
Circe, capaz de capturar sus
almas obnubilando la razón,
son los poetas que temen al
amor.
Amor dulce delicia, manjar de
dioses, que nos eleva por el
Sempiterno, llenándonos de
un nuevo halo de vida, dan
color y alegría a nuestros
días, en algarabías brilla
el sol, desdibujándose una
sonrisa en nuestro rostro y
estremeciendo el alma.
Yacerá en eternos naufragios,
cuando venga la Parca a nuestro
encuentro, para llevarnos a nuestra
última morada.
¡Se elevará cual cometa, el alma y en
ella los afectos grabados , con
la maestría del escultor y no habrán de
perecer en el ocaso¡

Autor María Auxiliadora Fernández Velásquez.
06/02/12.
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