Prologo: ¿Quien no ha sentido su animo perturbado, su mente por momentos desquiciada, o su conducta alterada a causa de amenazas, enfermedades o alguna adicción? El presente trabajo no es una lección de psiquiatría ni la descripción de una psicosis; es una reflexión metafórica sobre experiencias personales que afectan nuestra vida interior.
¡Ay, mi flama siento desfallecer!
¡Oh guardián de mi fuego interno!
Su calor a veces siento fenecer,
¡Dame fuerzas, oh poder eterno!
II
Ya mis carnes del tiempo esclavas,
Rendidas, enjutas, responder no pueden
¡Oh espíritu mío! ¿Por qué no cavas?
Donde enterrados, los sinsabores queden.
III
¡Ay alma herida! Por el desden ajeno,
Que marchita y enferma, en mi interior yaces,
Silenciosa y mortal, como un veneno,
Un cadáver de mi voluntad, haces.
IV
Angel y demonio, en pugna vibran
Sin conceder a la razón alguna tregua,
Luces y sombras, en mi mente obran,
Cuando del alma, su vitalidad mengua.















