
El pórtico se plasma
distante en la premura
de la gélida historia
en el muro del silencio.
Las bisagras reducen
la distancia del surco,
encerrando recuerdos
en el pestillo del tiempo.
Apocadas columnas
se infiltran silentes
en el dintel del alma,
con perjuicios y sentencias.
Atrio de aventuras
ilusiones y promesas,
discusiones sujetas
en el quicio del pasado.
Puerta basculante
de tantas treguas
ancladas a la sombra
del alféizar del corazón.
Acaso se habrán conocido
aquellos nombres ajenos
en el tímpano de la
puesta de sol y el ocaso?
Se quedará entonces
esta puerta abierta al destino?
Y su antigua espalda
abrigada con delirios?












