Partió la duda con tu sombra
y la tristeza se abrigó
en las arrugas del pasado,
en el presente ahora lejano.
La sátira se retiró
azorada por el beso
de la bruma y el cielo
en aquel escenario.
Se marchan sigilosas
las lunas de marzo
con el recuerdo sombrío
del lunar de tu mano.
Se desvanece el encanto
tras el silencio
que tus ojos impregnan
en el último ocaso.
Se detienen
interrogantes
distancias y espacios
en la caldera de tus brazos.
Se detienen
entre marchas y reclamos
los besos fugados
de tus labios en mis labios.
Ahora solo recuerda
la primavera
el aliento del árbol
que abrigó nuestro encanto.








