
Cuando las alas se extienden
formando delirios y fosas,
en la penumbra del abismo
y el suplicio se alimenta
del sudor del cuervo,
es cuando la agonía
expele estertores
al fuego,
a la tormenta,
a la inmensidad
del desprecio.
Cuando las alas
abrazan mares
y maderas errantes
los piratas anclan
mentiras al atardecer
en la historia cruenta
sin esquemas,
en sus antiguos emblemas.
Silentes, vedadas inocencias
difaman y ultrajan las puertas
del averno sombrío.
Cuando el ojo del cuervo
penetra la oscuridad
del día fallecido,
se amotinan las excusas
en la letrina del alma
del pecador insurrecto,
con su dolor y su encanto
cubierto por perlas y melancolías
tras el suceso de lo incierto
por la memez de un cuervo preso
en una jaula de cristal.











