La arena del amanecer
se plasma en mi cometa,
dibuja con su esencia
el anhelo de mis manos
por recorrer su cuerpo desierto.
En sábanas de lágrimas nacen
inquinas de silencios,
entre tulipanes de delirios
y alhelís de lejanías
despierto en mi jardín de suspiros.
Enredaderas de letargos
aprisionan mi mansedumbre añeja;
ocultan en su enjambre de sollozos
las cenizas de aquel beso mohíno
oculto en los tallos del olvido.
Y le busco entre mis lirios
pero el vendaval de la realidad
arrebata de mis entrañas
la primavera del horizonte
quedando marchita en su recuerdo.










