
Tus ojos me muestran
la desnudez de tu alma,
afable como tu sonrisa
denota el compás del beso
que nace en el tris preciso
cuando mis manos acarician
la línea de tus labios.
Tus manos recorren
cada resquicio de mis anhelos
aderezando con caricias
las ansias por tu piel,
en el momento desnudo,
en el periquete agitado
de tu cuerpo sobre mi ser.
En este nudo de instantes
se estremece el deleite
y nos aborrece el destino
que se impone en el silencio
mientras en la ventana
se dibuja pausadamente
la bruma del después.




















