
Será que el invierno
impregnó de penumbra
ésta, mi pobre alma inerte?
Y el desidioso crepúsculo
de rosas y sombras
aprehendió mi agonía en el sol?
El Arco iris abandonado
desfalleció en el viento
al cruzar el recodo del olvido.
Con este alijo de quimeras
la remisión del destino
se colgó del péndulo de mi corazón.
En el aposento de la luna
se quedó la interrogación
bailando un bolero con mi sayón.
Oh Verdugo de soledades!
extraño tu voz en la alborada
cuando el universo aprisiona mi dolor.





