Quizá andando y buscando
en la oquedad del destino
es que se engendra la tirria.
Va, por la rúa de la desidia,
con piedras de inconsciencia
encendiendo la hoguera del homicida.
Y el revólver va socavando,
apoderándose del alma impura
dejando agonía en saciedad.
Yo, tú, él o ella,
nosotros, ellos los vosotros
son, somos el reflujo del mundo.
Será entonces que llegue la tormenta
allanando injusticias y muros
soslayando raíces y tesoros.
Y cuando el sombrero del afecto
acontezca libre entre bosques y nubes
será así, el amanecer del tiempo.








