
Los sueños del navegante
van separando el infinito
del horizonte azuzado.
Mientras los cristales de silencio
fragmentan atardeceres
en los trozos de su soledad.
La barca del silencio
aventaja huracanes
con sus remos de libertad.
Sobre las persianas del cielo
se acunan obscenas sentencias
convictas del sigiloso pensar.
Aturdido sopesa el marinero
fantasías y sentidos,
mas tarde en bancos de arena
sepultará el desamparo
con los despojos del pasado
en el balcón desnudo de su madrugada.
Al caer la estrella polar
el marinero habrá exhumado el silencio
en la penumbra del olvido,
habrá soterrado la esencia de su alma
en la esperanza de un porvenir pausado
que va girando en la inmensidad.





















