En la adversidad nos calma
consolando con paciencia
y es la cobija sincera
que acaricia con su magia.
Es plenitud que consagra
siempre auténtica y genuina,
rompe fronteras, da vida
desde el torrente del alma.
Tolerante extiende puentes
con abrazo reflexivo,
surte de amor los caminos
y en la soledad no miente.
En el fracaso sorprende
con la palabra precisa,
seca el llanto en la ventisca
cuando el quebranto estremece.
Es la sonrisa en la espera
que persiste soberana,
no se rinde en la nostalgia
y es paloma en las quimeras.
Siempre franca en su nobleza
es adagio de esperanzas,
reconcilia en las batallas
y en el agravio libera.
Desde el alma fluye inquieta
y con ternura se afianza,
bendiciendo las mañanas
con su divina grandeza.
Es la amistad que profesa
su credo sin condiciones,
confidente de horizontes
y preclaras primaveras.
De nuevo amaneciendo nos hechizó la vida
otra vez liberamos enigmas contenidos,
en miradas inquietas y guiños consentidos
escrutando caricias en noche florecida.
Y yo sentí tu mano viril comprometida
que despertaba el gozo de anhelos escondidos
y concilió el desvelo besando los sentidos,
la rijosa algazara bohemia y atrevida.
Nuevamente en el alba se emancipó lo incierto
trinaron las memorias azares y aventuras,
en tanto entre sorpresas amaneció el concierto.
Cual madrigal que asperge sublimes tesituras
alcorza la alborada el rosicler de espera,
en tanto se acrisola genuina su quimera.
Medita en la distancia una sonrisa
plagiando la mirada de una estrella,
paciente en la memoria que destella
me toma de su mano y me acaricia.
Responde poderosa la primicia
que alberga solidaria sus promesas,
anhelos cotidianos de sorpresas
y el eco sostenido de la brisa.
Medita en la palabra el alma mía
ilesa y peregrina una quimera,
bien sabe del renuevo en primavera
y el tedio del ocaso que suspira.
Invoca el fiel romance que se inspira
y el ínclito placer cuando arrebola,
el verso del lirismo que tremola
y alcanza el resplandor en su armonía.
Vuelan hoy las golondrinas,
trinan las almas cantoras,
vuela un verso entre las sombras
suspirando en la neblina.
Adivina la ventisca
el sortilegio en la aurora,
busca entre musas dadoras
el acertijo en la lira,
que abraza la melodía
seductora y dadivosa.
Prosa versada entre rimas
desafiando el crudo invierno,
no claudica en el misterio
que concilia la armonía.
Regocija en su porfía
cada instante de arrebato,
se contagia en el quebranto
con la nostalgia viajera
y es leal en las quimeras
que revuelan sin contratos.
Es el alma fiel vigía
en su parnaso de letras
y en su periplo discreta
renueva sus fantasías.
Mensajera en las primicias
de esperanzados anhelos,
es surtidora de sueños
que globalizan la vida,
con el amor que predica
horizontes de respeto.
Detenernos en los instantes precisos, saborear la ambrosía de un detalle, descubrir que en todo lo que florece y en todo lo que se marchita, vive el milagro del amor. El ciclo misterioso de la vida que no minimiza el tiempo, ni lo cuestiona, solo es su compañera inseparable, que mitiga la soledad y pondera la belleza del alma, esa que en medio de la sencillez, es capaz de mirar más allá de un artilugio con pasión y entrega.
El tiempo nos atrapa con su brío
certero en el dolor o en el silencio,
conoce del azar y su misterio
en tanto nos invita al desafío.
El tiempo retador hace caminos,
espera del amor tierna conquista,
se goza misionero, optimista
y etéreo entre horizontes peregrinos.
El tiempo no se agota en lo vivido,
es sabio talismán que no claudica
y en medio del vacío fortifica
si esplende en el renuevo florecido.
El tiempo no enajena la sonrisa
y abraza con denuedo en el hastío.
Renace acrisolado en el estío
y el trino perpetuado de la brisa.
Blanco horizonte se abraza
con la niebla mañanera,
trina la brisa viajera
cuando el invierno atenaza.
El rocío se entrelaza
con el adagio que inspira,
mientras la nieve transpira
entre suspiros discretos,
copo a copo los secretos
del temporal que delira.
Entre las ramas desnudas
va escribiendo el universo,
el testimonio diverso
en filigranas tozudas.
Obstinadas, testarudas
las memorias se congregan,
entre anhelos que despliegan
desveladas primaveras,
mientras lloran las quimeras
sus remembranzas más crudas.
Siento un palpitar intenso
en la niebla que suspira
y en el rocío se inspira
el aroma del incienso.
El Espíritu en suspenso
eclosiona en ambrosía,
ofreciendo la armonía
que consuela en el desvelo,
si en el Cenit del anhelo
retumba su melodía.
Si la ventisca atrevida
ensordece en la nostalgia,
siento en mi lira la magia
del ángel que no me olvida.
Sana en el verso la herida
que ha sangrado su inocencia,
cicatriza con sapiencia
en la humildad sin rencores,
acrisolando primores
con la luz de la prudencia.
Va la apariencia perversa
engañosa y altanera,
seduce en la primavera
con la insidia que malversa.
Si en la falacia dispersa
la agonía sorprendida,
busco el bálsamo de vida
en mi tinta soñadora,
pues el azar de la aurora
sana entre versos mi herida.
El amor todo lo espera
sin cansancio y sin asombro,
resucita del escombro
y arrebola en la quimera.
Milagroso en primavera
y en osada despedida,
es soplo de intensa vida
que guarda el azul retoño,
de la nostalgia de otoño
y la gélida partida.
Adviento en la fiel promesa
que tremola en el desierto,
pregonando el fiel concierto
que la palabra profesa.
Plegaria cual luz confesa
irradia el aura del cielo
y el espiritual anhelo
se corona en las albricias
ofrendando las primicias
del angelical revuelo.
Se prepara la corona
con el candil del camino,
nace el verbo peregrino
en el álveo que apasiona.
Es la estrella la anfitriona
confidente de la alianza,
de la fe con la esperanza
surtidora de agua viva,
que humanizada motiva
su más sagrada alabanza.
Pinceladas de emociones
trazan acordes de anhelos,
dibujan fieles revuelos
de gaviotas a montones.
Francas e ilusas misiones
entre rosáceos diseños,
escrutan dilectos sueños
coloreados de quimeras,
con alas de primaveras
en alboradas y ensueños.
En el rosicler discreto
de la aurora peregrina,
fluye la musa divina
revelando su secreto.
Deja el celeste amuleto
en el versado delirio
con la fragancia del lirio,
el jazmín y la azucena,
en el prisma de la almena
irisada con el cirio.
Entre palmas va la lira
orgullosa de su cuna,
bendiciendo la fortuna
cual bohemia que suspira.
Matancera que delira
verso y prosa en los palmares,
con la tonada de azares
y el pentagrama en la aurora,
del Yumurí que enamora
entre ríos y avatares.
Es la ondina lisonjera
y del parnaso es la musa,
melancólica, ilusa
cuando aflora su quimera.
Y es la indemne primavera
en torrentes de aforismos,
del romance y del lirismo
es precursora dilecta
y la divina arquitecta
sin censuras ni espejismos.
Matanzas carga su historia
con orgullo y con nobleza,
sus calles surten grandeza
consagrando la oratoria.
Ponderada por la gloria
de arúspices soñadores,
es la Atenas de primores
que abraza con hidalguía,
la ilusoria poesía
en sus puentes seductores.
Ruboriza la mañana
el cantar del desafío
y enigmático el rocío
nos deja su filigrana.
Embellece y no amilana
ante el misterio divino,
cada perla en el camino
adoniza el horizonte
con el aroma del monte
y su estigma peregrino.
En el verdor se abalanzan
la esperanza, el regocijo,
revelando el acertijo
cuando la beldad alcanzan.
Como pinceles se afianzan
ilusos al sortilegio,
y al cetrino privilegio
del crepuscular arrullo,
desvelado en el murmullo
caprichoso de su arpegio.
No es declive solitario
ni trinar en el desierto,
es el bohemio liberto
del ocaso centenario.
Es seductor arbitrario
cual quijote clandestino,
que perezoso y cansino
ruboriza la mañana,
con su nota soberana
y su estigma peregrino.
En el instante exacto cuando estemos ausentes
con las cargas al hombro, vencidos e indolentes,
tú serás el anhelo frugal y prohibido
en tanto la indulgencia se negará al olvido.
En la mañana errante caminará la suerte
entre azares discretos del acertijo inerte
y en medio de la angustia voraz e inescrutable,
el horizonte inerme presagia lo insondable.
La quimera trasciende la niebla con su impacto
y aniquila el hastío mortal y estupefacto.
En las sombras bohemias del miedo carcelero,
repudiará el castigo su ruido lastimero.
Indefenso el ocaso se espanta en la querella
de la injusta batalla por censurar la estrella.
En tanto el sacrificio se aferra al desafío
que defiende el decoro vital de su albedrío.
El estío renace del gozo prometido,
cual anhelo alcanzable que estrumpe florecido,
Si estalla en la contienda de sueños vehementes
la esperanza sincera aunque estemos ausentes.
¿Qué le sucede a la lira
que se abandona en su culpa?
Siente que sufre la pluma
entre nostalgias perdidas.
No es la misma que domina
lo dilecto y lo profano,
siente el dolor del ocaso,
se quiebra entre sus lamentos
cuando atenazan recuerdos
remembranzas del pasado.
No se conforma la ilusa
enredada en sus desvelos,
busca matices bohemios
entre notas que se esfuman.
Ya no susurran las musas
en el vaivén de la brisa,
y los jilgueros suspiran
junto al arpegio del bosque,
mientras destilan los montes
su romántica ambrosía.
Eclosiona en los azares
y es peregrina en la aurora,
cuando entre luces retoñan
lantanas y tulipanes.
Se obsesiona entre zorzales,
alondras y golondrinas,
sorprende en la diamantina
alborada de aventuras,
de alborozo y travesura
la algazara de las rimas.
A pesar de los años sólo sé que me inspiras,
en la noble esperanza o en el cruel desafío
y comparto horizontes de incipiente vacío
o quimeras de anhelos al saber que suspiras.
¿Dónde están nuestros tiempos, si es que acaso deliras
en recuerdos perpetuos de emociones fecundas?
¿Dónde estás si mis letras vagan hoy errabundas,
en colinas lejanas simulando despecho?
Se me escapa la vida sin negar el acecho
que atesora memorias entre azares y lunas,
laberintos de antojos entre coplas montunas
y el hacer fascinante de tu andar satisfecho.
A pesar de los años junto a ti me pertrecho,
abastezco la acequia y el caudal no fenece
si esta musa bohemia cual ritual estremece,
obcecados caprichos en sus délficas liras.
Vuela la pluma ligera
cuya tinta no se agota,
deja su estela en la nota
con la luz que persevera.
Vuela gozosa en la espera
del numen que no se expira,
rima el alma con la lira
cuando asperge en el rocío,
el adagio del estío
que entre versos me suspira.
Vuela incansable y serena
no se pierde en el abismo,
ni se aferra al espejismo
del ayer que desordena.
Ni el quebranto de la pena
puede enmudecer su trino,
ni al bohemio peregrino
ha de silenciar el canto,
ni sucumbir al espanto
porque su anhelo es genuino.
Vuela auténtica la idea
desvelada en su remanso,
sin cobija, ni descanso
junto al verso balbucea.
Con la musa se recrea
el azul del pensamiento,
la esperanza, el sentimiento
eclosionan con la brisa,
regalando la sonrisa
del arúspice talento.