Cuentan que un ángel guardaba
entre leyendas perdidas,
tantas páginas vividas
de amores que silenciaba.
Dadivoso atesoraba
el más frágil desatino
y hasta el beso libertino
del celoso caballero,
lo consintió lisonjero
el querube peregrino.
Vieron que al monte bajaba
para entretejer historias
en el hilván de memorias
que entre notas arropaba.
Su ternura superaba
lo trágico del abismo
del rencor, del egoísmo
y lo insano que lacera
el azul de primavera
y el rosicler del lirismo.
Dicen que al viento besaba
en la inquieta melodía
seductora en su ambrosía
a sus mimos se entregaba.
Amoroso cobijaba
el rocío del arpegio
compartiendo el privilegio
de la asombrosa aventura
que suspira en la locura
traviesa del sortilegio.
Cuentan que un ángel guardaba
entre leyendas perdidas,
tantas páginas vividas
de amores que silenciaba.
Dadivoso atesoraba
el más frágil desatino
y hasta el beso libertino
del celoso caballero,
lo consintió lisonjero
el querube peregrino.
Vieron que al monte bajaba
para entretejer historias
en el hilván de memorias
que entre notas arropaba.
Su ternura superaba
lo trágico del abismo
del rencor, del egoísmo
y lo insano que lacera
el azul de primavera
y el rosicler del lirismo.
Dicen que al viento besaba
en la inquieta melodía
seductora en su ambrosía
a sus mimos se entregaba.
Amoroso cobijaba
el rocío del arpegio
compartiendo el privilegio
de la asombrosa aventura
que suspira en la locura
traviesa del sortilegio.
No me aterra la blasfemia de lo impío
ni la oscura falsedad de tu ropaje,
aunque duela la malicia del ultraje
la lección he de aprender cual desafío.
Te consume la bajeza en su vacío
más no temo a la ironía del chantaje,
la verdad se ha de imponer sin maquillaje
cuando el tiempo te arrebate el atavío.
Cruel e ingrata la maldad que sin fronteras
arremete con el odio desmedido
y pretende enrarecer las primaveras.
Hoy lastima ese sarcasmo envilecido
más no puede encarcelar tantas quimeras,
pues sublime es el amor el elegido.
Mi secreto he de hilvanar mientras yo viva,
aturdido en lo abismal de los desvelos,
atrapando los poéticos anhelos
con la musa del instante que motiva.
Es la voz de aquel perdón a la deriva
quien decide acicalar su propio vuelo,
prediciendo corazones paralelos
al mostrar la tan osada perspectiva.
Revelada la inocente tentativa
al vivir la soledad en cada duelo,
fluye intensa la memoria compulsiva.
Y me llena el surtidor sin más recelo,
atesoro en el silencio lo que aviva
la esperanza que se empina en su revuelo.
Pues la vida es eso, superar abismos
secarnos el llanto y empezar de nuevo,
no importa el fracaso y el quebranto intenso
cuando la esperanza es más que espejismo.
Recorrer espacios, darle tiempo al tiempo
no rendirnos nunca aunque gris sea el cielo,
vencer mil censuras, romper atavismos
encendiendo el alma con brío y denuedo.
Compañera ilusa de las primaveras
tan leal que infunde el insomne anhelo
y es en el ocaso y en el crudo invierno
quien fiel acompaña a ese amor que espera.
Pues la vida es eso, cosechar renuevos,
aliviar abrojos, compartir desvelos,
si acaso en el cénit de tantas quimeras
se alcorzan legados anidando sueños.
Se ha de lustrar el brote que asoma en la quimera
asida y aferrada a una ingenua esperanza,
se ha de pulir la piedra vital sin asechanza
borrando el artificio que engaña y desespera.
Se ha de trocar la envidia que al odio convenciera
y enmudecer el grito sin vacilar, a ultranza,
resueltamente libre sin rastro de añoranza
convencido que el gozo de amar vence la espera.
No será la nostalgia la que el sueño impidiera
sometida al bohemio desvelo de la holganza
ni tampoco el abismo que al cielo estremeciera.
Solo un soplo del alma que anima en su pujanza
verá el halo que augura verdor de primavera
mientras tanto el presente defiende su bonanza.
Y buscó en el ayer un refugio entre penas,
un pasado que ahogó sus nostalgias vividas
cual antaño crucial de inminentes caídas
en colinas angostas y en quebradas ajenas.
Vislumbró al caminar añoradas almenas
y esas luces de paz por el sol revestidas,
fueron más que un fulgor de almenaras prendidas
mientras sin pregonar derribaron cadenas.
Y admitió la razón, confesó sus verdades,
se tocó el corazón sacudiéndose todo
concediendo el honor de sanar realidades.
Solamente el amor dignifica bondades
y el orgullo ahogará su mentira en el lodo,
sin que pueda jamás perpetuar sus maldades.
No entrega la esperanza sus caídas
ni arropa lo más crudo del desvelo,
bien sabe que la luz más que un anhelo
supera las penumbras escondidas.
Se arraiga a lo vital de nuestra esencia,
no infunde decepción ante el quebranto
e ilusa ante el pretexto de su encanto
revela su verdad sin apariencia.
Rebusca entre sus letras atrevidas
el rostro complaciente sin recelo,
anida en el milagro del revuelo
auténticas bondades compartidas.
No ofende al pensamiento que silencia,
se afilia a lo divino y a lo santo,
conoce del alivio que da el llanto
sanando soledad e indiferencia.
¿Quién dijo que el poeta se ha cansado,
que llora enternecido ante el olvido?
¿Quién dijo que en su tiempo se ha perdido
obviando lo vivido en el pasado?
No es cierto, solo aclama desmedido,
palpita en cada letra que se escapa,
atándose a la musa que lo atrapa
en torno a su universo incomprendido.
Intenta escudriñar cuando destapa
aquello que es humano en apariencia,
dejando a la divina providencia
el juicio ante el odioso que agazapa.
Defiende su verdad con vehemencia
no juzga con su tinta, mas denuncia
la oscura perversión y se pronuncia
en contra del descaro y la insolencia.
Adviento, tiempo de espera
El amor todo lo espera
sin cansancio y sin asombro,
resucita del escombro
y arrebola en la quimera.
Milagroso en primavera
y en osada despedida,
es soplo de intensa vida
que guarda el azul retoño,
de la nostalgia de otoño
y la gélida partida.
Adviento en la fiel promesa
que tremola en el desierto,
pregonando el fiel concierto
que la palabra profesa.
Plegaria cual luz confesa
irradia el aura del cielo
y el espiritual anhelo
se corona en las albricias,
ofrendando las primicias
del angelical revuelo.
Se prepara la corona
con el candil del camino,
nace el verbo peregrino
en el álveo que apasiona.
Es la estrella la anfitriona
confidente de la alianza,
de la fe con la esperanza
que nos surte el agua viva
y humanizada motiva
la más sagrada alabanza.
Luna azul en blanco cielo
surtidora del rocío,
bendiciendo el sacrificio
en el ínclito universo,
del pesebre nazareno
y la humildad del recinto.
Rosa mística y aroma
del más preciado silencio,
cual Espíritu sediento
es libertad, luz y gloria,
mientras la paz salvadora
es fortaleza de anhelos.
Fría noche que contrasta
con el iris del lucero
y el divino alumbramiento
deja sus huellas marcadas,
en la sonrisa preclara
del estío navideño.
Plena bondad sin fronteras
y albricias cual regocijo
de esperanzas, desafíos
proclamando en cielo y tierra,
la palabra verdadera
cuando el Verbo hace caminos.
Genuina es la bondad sin condiciones,
misterio sostenido que da aliento
y el ánimo vital del pensamiento
asiste con piedad mis oraciones.
Supremo es el amor en sus misiones
y el gozo espiritual en la añoranza,
si el Cénit que se irisa de esperanza
cual verbo del perdón nos reconcilia
y en horas quebrantadas de vigilia
renueva el mandamiento de su alianza.
No hay dudas de la fe que no claudica
auténtica y venciendo los temores,
vislumbra superando los rencores
tan sabia en la humildad que multiplica.
Defiende la razón que dignifica
el soplo del espíritu en Adviento,
la espera del sublime advenimiento
bendice en el silencio consagrado,
el vientre virginal cuyo legado
es obra del más puro testamento.
Primicias del amor en su grandeza,
profunda adoración de lo inefable,
divina aceptación incomparable
del más sublime sí de fortaleza.
Genial va la bondad con su presteza,
vislumbra el universo prometido
cual fragua del Espíritu que ha ungido
el rostro redentor con su entereza.
Albricias del Adviento en santa espera,
jornada de la alianza salvadora,
en tanto renovada va la aurora
naciendo en la humildad que persevera.
Rutila fulgurante primavera
en medio de la noche densa y fría,
refulge la esperanza, la armonía
y el brillo cenital que la pondera.
Leal e inmaculado centellea
certero el evangelio del camino
e irradia junto al verbo peregrino
la auténtica misión que vitorea.
Gloriosa pregonar cuando alborea
la vida que humaniza lo indecible
y esplende en la virtud impredecible
suprema la verdad que no flaquea.
Si acaso está prendiendo fuego la almenara
y el musgo recordando otoño en el jardín,
habrá de así prenderse amor por si asomara
el rostro del deseo calando su confín.
Acaso esté gozando el fruto del empeño
y el claro desafío obrando en su bregar,
habrá de así sentirse el día como dueño
de toda la añoranza que invita a caminar.
Si acaso está donando arpegios la mañana
y un canto de esperanza invade al universo,
entonces prendería su calidez temprana
el flujo de la tinta escudriñando el verso.
Y al menos el abrazo se prenderá de anhelos
y colgará la vida su intenso torbellino,
más allá del cansancio serán fieles desvelos
los que lleven consigo sin dudas lo genuino.
Caminemos los dos de la mano del tiempo,
el ayer ya no es hoy, el ahora es eterno.
Sentiremos los dos los azares supremos,
el presente de amar, el presente sin miedos.
Caminemos así confidentes eternos,
en el peregrinar juntaremos anhelos.
Sentiremos los dos el abrazo del viento,
el suspiro al andar y el sublime desvelo.
Muy unidos tú y yo siempre amantes bohemios,
susurrando pasión, confidentes del tiempo,
muy unidos los dos conquistemos silencios,
revelemos el hoy con valor sin misterios.
Muy unidos tú y yo confrontando desiertos,
compartamos amor y el mirífico aliento
cuando juntos los dos sin temores inciertos,
viviremos el hoy:¡Nuestro hacer, nuestro tiempo!
Cual torrente el hastío va surtiendo mi tiempo,
por el día me abraza la impaciencia del mar
cuando baña la arena el blancor de la espuma
y el sonido del viento es adagio al pasar.
Cual torrente el estío también surte su efecto,
el renuevo comienza para pronto alcanzar
esa cima que admiro y me eleva hasta el alba,
esa cima que alcorza sortilegios de amar.
Es el cauce del tiempo, es la vida que pasa,
es caricia del alma que prefiere soñar
su profundo desvelo entre aciagos discretos,
sus anhelos bohemios sosteniendo el azar.
El destino que ha escrito sus renglones perfectos,
que no oculta su cara pues pretende inspirar
esas causas divinas que precisan empeño,
esas causas sinceras que no se han de olvidar.
Esas causas sinceras que no se han de olvidar,
las alianzas del alma, los conjuros eternos,
las acciones divinas que merecen respeto
más que nobles tratados son senderos de paz.
Esos actos gentiles de vergüenza y bondad
son verdades que ensamblan, son los fieles reflejos
de horizontes sin manchas, eminentes y excelsos
que ponderan la vida y al más digno ideal.
Avenencia sincera que censura lo inepto,
la falacia, la inercia de la oscura maldad
y se ajusta al decoro que alimenta lo intenso.
No maldice ni engaña, se empodera genial
tolerante y egregia multiplica lo bello
y revela honorable su quimera vital.
Y revela también su quimera vital,
la que desde la fe fluye libre, sin trabas,
que confía en el ser y en la esencia sagrada,
porque sabe mirar con los ojos del alma.
Ella suele buscar, no se rinde ante el mal,
no cuestiona milagros, se hace eco del alba,
pues conoce el amor sin fronteras que atrapan
al poder socorrer con los ojos del alma.
Brota firme y osada es cual un manantial
que libera lo fiel junto con la esperanza,
pues despierta y se crece en lo humilde que ensalza
el saber vislumbrar con los ojos del alma.
Revuelo de azares regalando albricias,
fiel el regocijo de abrazar quimeras,
copular las almas, liberar las penas
y alzar la mirada rindiendo colinas.
Revuelo de azares regalando albricias
en la encrucijada que teje la ausencia,
esperar pacientes, compartir promesas
y cruzar senderos rindiendo colinas.
Pasajes que llevan consigo la esencia
que transmiten tantos valores que admiran,
atraviesan muros, paredes e inspiran
osadas batallas e historias guerreras.
Pasajes que llevan consigo la esencia
que han mostrado rostros de tiernas caricias
mientras que las alas baten y acarician
sueños peregrinos e historias guerreras.
Revuelo de azares regalando albricias,
pasajes que llevan consigo la esencia
en la encrucijada que teje la ausencia
que han mostrado rostros de tiernas caricias.
Fiel el regocijo de abrazar quimeras
que transmiten tantos valores que admiran,
atraviesan muros, paredes e inspiran
osadas batallas e historias guerreras.
Pese a las adversidades
la vida es algo sagrado,
es cual diamante tallado
con el cincel del camino.
Siempre auténtico y genuino
el hacer deja sus huellas,
no se rinde en las querellas
ni se amedrenta en el ruedo,
se atreve con más denuedo
abrazando las estrellas.
Abrazando las estrellas
con la pasión y el empeño
junto al vital desempeño
superamos realidades.
Venciendo dificultades
se rellenan los vacíos
y en los momentos sombríos
atrayendo lo que amamos,
al universo imploramos
enfrentando desafíos.